LOS POTENCIALES TERAPÉUTICOS DEL “MINDFULLNESS”

Durante las últimas décadas ha aumentado la investigación en el campo de las intervenciones basadas en la práctica del Mindfulness. Esta práctica se define como la habilidad para brindar atención a experiencias internas (pensamientos, sentimientos y sensaciones corporales) así como externas (provenientes del medio que nos rodea) en el presente momento y con una actitud no-prejuiciosa. De este modo, la práctica del mindfulness se logra a partir de un gran involucramiento de un alto nivel de conciencia y niveles superiores de procesos cognitivos como la atención y la memoria de trabajo.

En los últimos años, el mindfulness ha sido incorporado en una serie de programas con orientación clínica tales como Reducción del Estrés y la Terapia Cognitiva, ambos basados en ésta práctica. Aunque sus orígenes surgen de las practicas budistas, actualmente se adapta para el uso de intervenciones secularizadas, siendo costo-efectiva, aceptable y no-invasiva para el abordaje de terapias de un espectro de trastornos.

Han demostrado aportar beneficios significativos para un amplio rango de condiciones clínicas, como enfermedades, ansiedad y estrés, dolor crónico, y depresión. La investigación también sugiere que estas prácticas pueden mejorar varios aspectos de la vida en poblaciones no-clínicas, actuando como amortiguador contra la angustia o sufrimiento psicológico, mediante la facilitación de la autocompasión y empatía.

Mientras que los beneficios clínicos de éstas terapias han sido bien documentados, los mecanismos mediante los cuales se logran no han sido descriptos. Por ejemplo, el científico Scott Bishop, de la Universidad de Toronto (2004), ha propuesto un modelo de dos componentes del mindfulness: autorregulación de la atención y una mentalidad abierta a experiencias del presente momento. El modelo de dos factores establece que el mindfulness requiere de una atención sostenida para poder lograr y mantener la conciencia en la experiencia actual, maniobrando la atención para brindar el foco de vuelta al presente (por ejemplo, la propia respiración), e inhibiendo los procesos de elaboración (ej. rumiación de pensamientos negativos o sentimientos) que desvían el propósito del presente. Los estudios preliminares sugieren que los participantes de las prácticas de Mindfullness reportan mejorías en funciones cognitivas, como la atención sostenida y la memoria de trabajo, y una reducción en la interferencia emocional durante las tareas cognitivas. La memoria de trabajo se define como la capacidad para retener y manipular información relevante durante un corto periodo de tiempo, y para actualizar información del pasado con la nueva información incorporada. Mientras que la atención guía a los recursos cognitivos en el proceso de selección de la información relevante al objetivo, la información transmitida se aloja en la memoria de trabajo para su codificación y constante actualización.

Dada la gran heterogeneidad de los estudios y las poblaciones en sí, un estudio de la Universidad de Western Kentucky conducido por Sungjin Im (2020), llevó a cabo un análisis de meta-regresión (en los cuales se predice una variable a partir de los valores de otras variables) de 25 estudios ya publicados, categorizando la muestra en: edad, numero de sesiones de mindfulness, duración de la sesión, tipo de intervención (si recibían mindfulness o no), tipo de grupo control, y diseño del estudio. Demostraron que las intervenciones de mindfulness tenían un efecto positivo sobre las funciones ejecutivas (función cognitiva que permiten la adaptación al medio y resolución de problemas a partir de la integración de la información disponible)

Existen ciertas sugerencias acerca de que éstas terapias promueven mejorías sobre cuatro subtipos del sistema cognitivo como son la atención, memoria de trabajo, memoria a largo plazo, y funciones ejecutivas. Estudios previos ha demostrado que las prácticas de conciencia mental realzan la capacidad de reserva cognitiva y retrasan el deterioro cognitivo leve asociado a la edad. Estos efectos parecerían ser mediados por circuitos neuronales fortalecidos, una potenciada regulación del sistema inmune, cambios en la expresión génica, una reducción en los niveles de ciertos marcadores de procesos inflamatorios y modulaciones en cientos de vías de señalización a nivel molecular. Estos cambios a nivel sistémico dejan en claro que los efectos de la práctica no solo contribuyen con los procesos cognitivos, sino que entablan un complejo dinamismo que afecta a todo el eje cuerpo-mente. Un ejemplo especifico es el eje intestino-cerebro, en el cual la señalización del cerebro influencia a las funciones intestinales y la microbiota intestinal afecta al correcto funcionamiento cerebral.

La memoria de trabajo se puede cuantificar a partir de la capacidad de memoria de trabajo, la cual indica cuan capaz es un individuo para controlar su atención. Dado que el mindfulness opera a través de la atención sostenida ante un set específico de estímulos, se espera que el entrenamiento en la meditación exacerbe la capacidad de la memoria de trabajo. Por ejemplo, un estudio realizado por Amishi Jha de la Universidad de Miami (2015), sostiene esta teoría demostrando que soldados norteamericanos que han pasado más tiempo practicando meditación mindfulness durante 8 semanas, lograron una mejoría significativa en las tareas de memoria de trabajo, en comparación con aquellos colegas que no practicaron o practicaron menos tiempo el programa de mindfulness. En otro estudio realizado por la doctora Jha, los participantes que formaron parte de un mes de entrenamiento intensivo de mindfulness, basado en 10-12 horas de práctica diaria, demostraron un mejor desempeño en las tareas de memoria de trabajo en comparación con sus compañeros que formaban parte del grupo control (sin entrenamiento). De este modo, los estudios evidencian un impacto positivo y significativo en la capacidad de memoria de trabajo en sujetos que han realizado intensos entrenamientos en mindfulness.

Además de la evidencia sobre el entrenamiento intensivo de mindfulness, los estudios que han examinado los beneficios de una sola y breve sesión de mindfulness resultan optimistas sobre los efectos observados en el desempeño cognitivo. Un estudio ha demostró que estudiantes universitarios que asistían a ejercicios de respiración mindfulness de tan solo 15 minutos de duración, desarrollaban mejor las tareas de lectura y comprensión que aquellos compañeros que habían sido asignados a ejercicios de pensamiento libre o detracción (mind-wandering). En concordancia, un estudio liderado por el doctor Micheal Mrazek de la Universidad de California, demostró que 8 minutos de ejercicios de respiración mindfulness lograban reducir el nivel de distracción, mejorar el desempeño y aumentar la memoria visual de corto-plazo durante una tarea de atención sostenida, en comparación con otros grupos de estudiantes que practicaban ejercicios de relajación o sesiones de lectura. En la escuela se ha demostrado que las intervenciones basadas en mindfulness mejoran también la dislexia, hiperactividad y estimula la creatividad. Estos estudios demuestran la eficacia de cortos, simples y accesibles entrenamientos de mindfulness, sugiriendo que las prácticas de mindfulness de corto plazo también resultan beneficiosas para el entrenamiento de la memoria de trabajo.

Otros resultados importantes sugieren que el mindfulness modera la relación entre el estrés y la atención y entre el estrés y la memoria de trabajo, destacando el “efecto protector” del mindfulness contra varios estresores que afectan la atención y la memoria de trabajo. Un estudio interesante demostró que las intervenciones de mindfulness en adolescentes causan una disminución en la ansiedad, pero también produce cambios en las propiedades de las redes neuronales de ciertas estructuras del cerebro como la amígdala, promoviendo un aumento en la conectividad estructural. Estudios de neuroimágenes han también demostrado cambios en la conectividad cerebral que son sugerentes de un proceso de plasticidad estructural en el cerebro inducida por el mindfulness. Los autores evaluaron si la meditación mindfulness inducía efectos de larga duración en estructuras topológicas de las redes neuronales. Los resultados demostraron cambios no solo en la amígdala, sino también en estructuras íntimamente involucradas en los procesos de memoria y aprendizaje, como son: el hipocampo, la corteza del cíngulo posterior y el cerebelo, entre otras.

Varios estudios han demostrado la aplicabilidad del mindfulness para tratar problemas mentales asociados con brotes del COVID-19, resultando beneficioso en adultos durante la pandemia. Aquellos adultos que padecían el aislamiento social se encontraban significativamente menos predispuestos a practicar el mindfulness y en cambio contribuían a un aumento en sus síntomas depresivos (Di Fonte, 2020). Un resultado similar fue reportado por el científico Ciro Conversano de la Universidad de Pisa (2020), quien demostró que una buena predisposición a la práctica del mindfulness realzaba el estado de bienestar y ayudaba a lidiar con el estrés y la ansiedad causada por la pandemia. El aumento en la exposición de los estudiantes a las redes sociales durante la pandemia ha sido la causa de un severo trastorno psicológico asociado a la rumiación, como se ha demostrado en 439 estudiantes universitarios en China. Nuevamente, el estudio destaca el rol protector de la práctica del mindfulness para la terapia contra los trastornos psicológicos inducidos por la pandemia y el aislamiento, generando una mejoría en la sensación de bienestar y competencias socioemocionales. Por otro lado, 66 profesoras de nacionalidad italiana mostraron efectos positivos a partir de la práctica de mindfulness durante la pandemia, reflejando mejorías en la empatía afectiva, agotamiento emocional, ansiedad y depresión. Aunque las investigaciones son todavía escasas, también se ha asociado al mindfulness con mayor compasión y con mejoría en la relación maestro-alumno. James (2007), argumenta que la capacidad y motivación de voluntariamente atraer una y otra vez una atención errante hacia una mente presente, es lo fundamental del juicio-carácter y voluntad… una educación que mejora esta capacidad seria la educación por excelencia.

Si bien el campo de investigación sobre la adyuvancia del mindfulness para tratar ciertos cuadros clínicos o psicológicos se encuentra en pleno estudio, los resultados hasta el momento demuestran un gran potencial terapéutico de los beneficios aportados por la práctica.

Por: PHD Candelaria Leiguarda. Doctora en Neurobiología.

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