Si estuvieras en una competencia de tiro al blanco y de ello depende tu vida, pero solo tenés un disparo, ¿tirarías al aire o intentarías acertar?. Cada vez que hago esta pregunta, la respuesta es obvia, porque nadie querría perder ese juego. Pero al indagar un poco sobre su disponibilidad horaria que tienen para dedicarle al ejercicio, las excusas son miles y la más frecuente es “falta de tiempo”. Lo que termina sorprendiendo es que la vida es ese solo disparo y la falta de tiempo no sirve como excusa porque si fallamos ese tiro, simplemente perdemos”.

¿Existe una edad límite para practicar ejercicio físico? La respuesta es no. La edad como impedimento no es una excusa. Todo el mundo puede disfrutar de los beneficios de la actividad física, independientemente de sus habilidades.
La actividad física en determinadas edades necesitaría de un poco más de atención y dedicación por nuestra parte, pero sin duda nos ayudará a sentirnos mejor y más vitales. El deporte es un gran aliado de la salud cardiovascular y cerebral, además de un gran promotor de nuestro bienestar.

También tiene sus consecuencias no practicar actividad ni deportes, como la disminución de movilidad articular y de habilidades, así como hipotrofia muscular. La falta de ejercicio beneficia la generación de hipertensión, diabetes y síndrome metabólico, deterioro de la condición cardíaca, aumento de la presión arterial, ya que las venas y arterias son flexibles, y se adaptan al flujo sanguíneo.
Sabemos que hacer ejercicio es bueno y no hacerlo es perjudicial para nuestra salud ¿pero sabemos cuán bueno es? Cuando nos hacemos esa pregunta, ¿Que pensamos? ¿Cuál es nuestra primer sensación? Si, claro, nos hace sentir bien. Pero ¿Porque?.
Mantenerse dinámico y hacer ejercicio de forma regular ayuda a prevenir alteraciones cardiovasculares como la hipertensión o la diabetes, pero también está indicado para otros problemas como la artritis, la depresión o incluso, algunos tipos de cáncer. Las enfermedades neurodegenerativas no son una excepción, ya que la salud de nuestro cerebro está directamente relacionada con nuestra salud cardiovascular.
Entrenar también colabora en la regulación de nuestro sueño. Descansar bien es parte de un proceso físico. El metabolismo trabaja mientras dormimos. El sistema circulatorio se ve favorecido, ya que mientras descansamos disminuye la presión arterial, y el corazón no necesita tanto esfuerzo para bombear sangre al resto del organismo. El sueño disminuye el gasto de energía ayudando al metabolismo a reponerse más fácilmente.

El metabolismo consta de dos tipos de procesos: el anabolismo, que consiste en la fabricación de tejidos corporales y reservas de energía, y el catabolismo, responsable de la descomposición de tejidos y reservas de energía para utilizarla como combustible.
El metabolismo es el conjunto de reacciones químicas que tienen lugar en las células del cuerpo para convertir los alimentos en energía. Nuestro cuerpo necesita esta energía para todo lo que hacemos, desde movernos hasta pensar o crecer.
El ejercicio no solo es bueno para nuestro corazón, lo es también para nuestro cerebro.
Una sesión de entrenamiento o un paseo a paso ligero de 30 minutos nos puede cambiar el humor cuando nos sentimos decaídos o nos puede ayudar a liberar tensiones cuando nos sentimos estresados. Esto se debe a que la actividad física estimula factores químicos del cerebro que provoca que nos sintamos más felices y relajados, por lo que nuestra confianza y autoestima también resultan reforzadas.
El ejercicio nos ayuda a tener más fuerza y resistencia. El deporte hace que se libere nutrientes y oxígeno a nuestros tejidos y que nuestro sistema cardiovascular trabaje de forma más eficiente. Y, cuando corazón y pulmones trabajan mejor, se dispone de más energía para afrontar el día.
Por otro lado, practicar ejercicio también nos llena de energía y evita que nos sintamos demasiado cansados o sin la vitalidad necesaria para disfrutar de una vida sexual plena.

Es una oportunidad para salir al aire libre, disfrutar del entorno y dedicar tiempo a realizar actividades que nos hagan sentir bien. También se puede practicar en compañía, en equipo o en actividades grupales, de modo que se favorece el contacto con la familia o los amigos. Clases de baile, boxeo recreativo, fútbol, hockey, taekwondo, jiujitsu, básquet o simplemente correr. Son muchas las propuestas que nos pueden divertir y ayudarnos a mantener la forma. Fijarnos objetivos, aprender algo nuevo que nos desafíe.
Por lo menos, se recomienda destinar 150 minutos semanales a la práctica de ejercicio de intensidad moderada o 75 minutos a la semana, si se trata de una actividad de intensidad elevada. Recordá consultar con el médico antes de empezar, especialmente si hace mucho tiempo que no practicas deporte o tienes problemas de salud crónicos.
Comer sano y equilibrado es parte de todo este proceso, uno de los pilares básicos de un estilo de vida saludable es la alimentación. Tiene que ser variada, equilibrada, saludable y acorde a las necesidades particulares de cada persona. Llevar una dieta sana a lo largo de la vida ayuda a prevenir la malnutrición en todas sus formas, así como diferentes enfermedades no transmisibles y trastornos. Se trata de crear hábitos que mantengan un orden y no creamos que es un gran sacrificio. Es darle a nuestro cuerpo lo que necesita para estar en condiciones óptimas. Métele, es vos vs vos. Dedícate tiempo, tenés un tiro, que no sea al aire.
Por Emiliano Rogers
IG: @emi_rogers


